Ensalada de lentejas con vinagreta de miel y mostaza

El otro día os hablaba de una receta rápida para hacer una Fideuà en un cuarto de hora como mucho.

Hoy os traigo otra receta, muy rapidita y muy rica, aunque desde luego, para quien quiera y pueda, se puede tardar mucho más, solo hay que sustituir las lentejas cocidas de bote por lentejas cocidas en casa (y dependiendo del tipo de lenteja, incluyendo su correspondiente remojo desde la noche anterior).

Las lentejas son mi legumbre favorita, me gustan en ensalada, en caliente, solas, acompañadas, con pieles, peladas… además tienen un montón de propiedades, que puedes encontrar aquí.

Para la ensalada:

  • Aprox. 100gr de lentejas cocidas
  • 1 puñado de nueces peladas
  • 1 cucharada sopera de maíz dulce en grano
  • 1 rodaja de cebolla picada fina
  • 20 gr de queso tierno o semi-curado a nuestra elección (el mio era un tierno sin lactosa)
  • 20 gr de pimiento crudo (yo utilicé del amarillo)
  • 2 o 3 palitos de cangrejo
  • un puñadito de picatostes

Para la vinagreta de miel y mostaza:

  • 1 cucharadita de las de café de mostaza a la antigua
  • 1 cucharadita de las de postre de miel
  • 1 cucharada sopera de vinagre de manzana
  • 3 cucharadas soperas de AOVE
  • una pizca de sal
  1. Cortamos en dados pequeños el queso, el pimiento y en rodajas el surimi.
  2. En un bol ponemos las nueces troceadas, los picatostes y el queso, el pimiento, y los palitos de cangrejo cortados.
  3. Lavamos las lentejas un poco, y las añadimos a la mezcla anterior, junto con el maíz dulce.
  4. En un vaso (o un biberón) ponemos la sal, la miel, la mostaza, el aceite y el vinagre y mezclamos bien.
  5. Aliñamos la ensalada con la vinagreta y removemos bien para que se impregne completamente.
  6. Servimos en un plato, y a comer.

Buen provecho.

Crumble de ciruelas

Cuando las chicas de Whole Kitchen desvelaron cual era la propuesta dulce para el mes de septiembre no me hizo demasiada ilusión. Otro postre inglés, me dije a mi misma, con el montón de delicias españolas que hay… aunque luego pensé que debía darle una oportunidad.

Si tuviera que darle una nota, probablemente le daría como mucho un 6. ¿Y porqué tan poco? Puede que por la fruta escogida, los ingredientes, en especial por la mantequilla (ni mi chico ni yo somos muy mantequilleros, aunque él lo es un poco más que yo), aunque los dos coincidimos que lo menos que nos ha gustado es el hecho que se coma caliente. Nos ha parecido muy pesado y no muy indicado como postre para después de una comida o una cena, sino más bien para el desayuno o la merienda. Y casi mejor tomarlo a temperatura ambiente.

Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de septiembre nos invita a preparar un postre clásico británico: Crumble

El crumble es un pastel clásico inglés, quizá el más popular. Se puede elaborar con diversas frutas, aunque quizá la versión más tradicional es la que se hace con manzana. Esta base de fruta, se cubre con una mezcla de harina, manteca y azúcar. Todo ello se introduce al horno, y se sirve y degusta caliente. Por este motivo es frecuente acompañarlo con natillas, helado o alguna compota.

La receta propuesta es la que os pongo más abajo del libro Cinnamon, spice & warm apple pie, aunque la que yo he hecho es una mezcla de esta, el “Crumble de Manzana” del juego de la Nintendo DS: Cocina conmigo ~ ¿Qué preparamos hoy? y de “Crumble de Ciruelas” del libro 101 Delicias de Temporada, de la ed. Grijalbo (modificaciones de la receta propuesta en azul)

RECETA Crumble sencillo de ciruelas (Para 4-6 personas)

*Relleno

8-10 ciruelas maduras

4-5 cucharadas soperas de azúcar

1 cucharada de canela

2 cucharadas de zumo de naranja

ralladura de naranja

*Cobertura

75 g de mantequilla

175 g de harina de todo uso

una pizca de sal

50 g de azúcar moreno

Precalentamos el horno a media temperatura (aprox 180º) y colocamos la bandeja a media altura.

Partimos las ciruelas por la mitad y les quitamos los huesos.

Las cortamos en cuartos y las colocamos en el molde, las espolvoreamos con el azúcar, la canela, la ralladura y el zumos de naranja y reservamos.

Para preparar la cobertura ponemos en un bol la harina y la mantequilla cortada en cubitos y comenzamos a trabajarla con la punta de los dedos, de forma que vaya haciendo “migas”.

Añadimos el azúcar y seguimos mezclando del mismo modo.

Echamos las migas sobre las ciruelas y ponemos en el horno durante unos 40 – 45 minutos o hasta que dore.

Sirva caliente acompañado de helado.

Have a nice meal!!

Lubina al horno con hortalizas

Hace unos meses, Silvia de Silikomart se puso en contacto conmigo para empezar una colaboración mútua. Ellos me enviaban tres de sus moldes de silicona para que los probara y publicara las recetas que había hecho.

La primera receta que hice fue la Mona de Pascua que le preparé mi sobrina. Aunque no es lo habitual, utilicé un recipiente de cocotte para realizar el bizcocho.

Aquí tenéis la segunda, una buenisima lubina al horno. La primera idea era hacerla a la sal, pero leyendo algunas indicaciones en internet, y también el libro de Simone Ortega 1080 Recetas de Cocina, tuve que cambiar la receta, ya que las lubinas que compré estaban limpias de escamas y tripas y para hacerlas a la sal, es mejor que el pescado esté entero para que la carne no se seque demasiado.

Así que el pescado a la sal lo dejaré para más adelante.

Para realizar esta receta, utilicé la Besuguera (ref. COC 01 Pesciera). Me encanta el diseño que tiene.

Para dos personas utilicé:

  • 2 lubinas de unos 200-250 gr cada una
  • 1/2 pimiento verde
  • 1/2 pimiento amarillo
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 patatas medianas
  • sal, pimienta y AOVE*
  1. Precalentamos el horno a 200 ºC.
  2. Pelamos la patata y la cortamos a rodajas finas. Las ponemos en la base de la besuguera, salpimentamos y le echamos un chorrito de AOVE*.
  3. Colocamos las lubinas en la besuguera.
  4. Lavamos los pimientos y los cortamos en trocitos. Los ponemos repartidos por encima de las lubinas.
  5. Cortamos las cebollas en daditos y lo ponemos también encima de las lubinas.
  6. Tapamos y ponemos en el horno para que se haga al vapor durante unos 40 minutos.
  7. Servimos y a comer.

* AOVE = Aceite de Oliva Virgen Extra

Fideuà rápida

A veces entre semana me apetece algún plato de esos que normalmente sólo hacemos en fin de semana. Cuando queremos algo de eso, lo solemos hacer el día de antes y lo dejamos preparadito para que cuando llegue la hora de comer, solo tengamos que sacar el tupper de la nevera, lo pongamos en el micro, lo calentemos y a comer…

Si tenéis la suerte de trabajar* cerca de casa, y disponéis de un poquito de tiempo, este plato puede que os guste:

Ingredientes por persona:

  • 1 sepia mediana (limpia) o 2 pequeñas
  • 2 langostinos
  • 250 ml de caldo de pescado en brick (o 1 pastilla de caldo concentrado + 250 ml de agua)
  • 80-100 gr de fideos del nº 2
  • alioli (opcional)
  1. Lo primero que tenemos que hacer es, si no tenemos el caldo de pescado en brick, es poner el agua a calentar y cuando hierva poner el cubito de caldo para que se deshaga.
  2. Pelamos los langostinos, quitándole la cabeza y cortamos la(s) sepia(s) en tiras pequeñas.
  3. Ponemos todo en una sartén pequeña para que se haga bien.
  4. Cuando esté hecho, retiramos la sepia y los langostinos en un plato y ponemos los fideos para que se doren un poco (en catalán diriamos rossejar…)
  5. Cuando hayan cogido color, hechamos el caldo caliente poco a poco, añadiendo más a medida que se vaya consumiendo, y hasta que los fideos estén hechos. Deben quedar totalmente secos.
  6. Todo esto lo hacemos a fuego alto.
  7. Para servir, colocamos los fideos en un plato y ponemos la sepia y los langostinos.
  8. Opcionalmente podemos poner un poco de alioli que mezclaremos bien con los fideos.

En unos 10-15 minutos podéis tener este delicioso plato listo para comer.

Bon profit.

* Digo lo de suerte de trabajar cerca de casa, ya no solo por poder hacerlo cerca de casa, sino por poder trabajar, ya que desafortunadamente soy una de los varios millones de parados que hay en el país, qué envidia os tengo… 😦

Natillas caseras sin lactosa

Desde que era pequeña el olor de la leche de vaca me ha hechado siempre para atrás y tampoco me han gustado los yogures. No era sólo su sabor, que intentaba esconder con sabores potentes, como por ejemplo el coco, o más tarde los frutos rojos… sobretodo era su textura, aunque hay otros postres lácteos como por ejemplo el flan o las natillas, que dependiendo de la marca tienen una textura bastante similar y en cambio si me gustan. Sin embargo, los quesos siempre me han gustado, y cuanto más secos, fuertes y olorosos mucho mejor.

Recuerdo que desde bastante pequeña, tuve recurrentes ataques de migraña y cólicos, por lo que mi madre optó por llevarme a un médico naturista (bastante raro encontrar uno hace veinte o veinticinco años…), ya que los médicos “tradicionales” no sabían encontrar el por qué de esos dolores. (Pongo lo de “tradicionales” entre comillas, ya que para mi, aunque no estuviese de moda, era y sigue siendo más tradicional un médico naturista que no uno que te atiborra a medicamentos sin hacerte ninguna exploración previa. Un médico naturista (homeópata o naturópata) basa sus conocimientos en lo que nos hemos acostumbrado a llamar los remedios de la abuela: flores y plantas curativas, minerales, y tantas otras terápias que nuestros antepasados han ido perfeccionando con el paso de los años).

El caso que este médico naturista, tras una exploración y cuestionarios completos, determinó que, para evitar tanto la migraña como los cólicos, lo que debía hacer era suprimir al máximo lácteos, fritos y, muy a mi pesar, el chocolate, ya que estos productos lo que hacían era cargar el higado, que tenía que trabajar el doble para poder realizar correctamente su función de filtro.

No tuve ningún problema en realizar dicha supresión, aún siendo una cría de unos diez-doce años… Los lácteos, de por si, ya no eran santo de mi devoción, y los fritos en mi casa tampoco no se comían mucho. Ahora bien, el chocolate… El chocolate, eso ya es otro cantar… Moderé la ingesta, sustituí chocolate blanco y chocolate con leche por chocolate negro, pero a mí el chocolate no me lo quita nadie.

Y la verdad, después de todos estos años, tanto las migrañas como los cólicos, son ahora muy pero que muy esporádicos…

Y cuando me dan, normalmente suele ser por culpa de la lactosa. Imagino que todos sabréis ya que es la lactosa, pero por si aún queda algún despistado en la audiencia lo explico:

La lactosa es el azúcar que se encuentra de forma natural en la leche. Para digerirla, el organismo humano precisa de la enzima lactasa que se produce normalmente en la mucosa intestinal, y que transforma la lactosa en unidades más pequeñas (glucosa y galactosa). La intolerancia a la lactosa se debe a la disminución o ausencia de lactasa en el conducto digestivo. La causa de intolerancia a la lactosa puede ser congénita, por un error del metabolismo bastante raro, en el que la lactasa falta desde el nacimiento, o adquirida. Esta última puede ser parcial o total y puede iniciarse en la infancia, adolescencia o en la edad adulta. Puede deberse a una disminución progresiva de lactasa en las células de la mucosa intestinal a partir de los dos o tres años de edad, sin que se conozca la causa, o como consecuencia de una agresión a la mucosa intestinal por un virus, bacterias, antibióticos o quimioterapia, diarreas infecciosas, enfermedad inflamatoria intestinal crónica, enfermedad celíaca, ingesta excesiva de alcohol, etc.

Los síntomas suelen aparecer de los 30 minutos a las 2 horas después de haber ingerido alimentos que contengan lactosa, generalmente acompañados de flatulencia, cólico intestinal y diarrea. Los síntomas desaparecen entre 3 y 6 horas más tarde. Estos se deben a que la lactosa no digerida en el intestino delgado, pasa al grueso y allí es fermentada por las bacterias de la flora intestinal produciendo hidrógeno y otros gases.

(Fuente: http://saludyalimentacion.consumer.es/intolerancia-a-la-lactosa/)

Para mi, la solución fue sencilla: prescindir por completo de la leche y productos que la contengan. Aunque de vez en cuando me permito un capricho lácteo sin que me produzca trastornos. Normalmente suele tratarse de algún tipo de queso, ya que para el resto, flanes, natillas, cremas, suelo hacerlas en casa utilizando leche sin lactosa, o incluso leches de tipo vegetal: de soja (no muy frecuentemente, porque su sabor no me gusta mucho), de almendra, de arroz…

Así que la recetilla que os pongo aquí es la de unas natillas caseras, de nuevo extraídas del juego de la Nintendo DS, Cocina conmigo ¿Qué preparamos hoy? , que me está dando bastante juego, valga la redundancia.

Como siempre, los ingredientes son para 2 personas y en azul las modificaciones que he hecho en la receta

  • 500 ml de leche sin lactosa
  • 2 cortezas de limón
  • 3 yemas
  • 150 gr de azúcar (75 gr de azúcar blaco y 75 gr de azúcar moreno)
  • 14 gr de maicena
  • 1/4 cdta. de canela molida (o una ramita de canela)
  1. Ponemos la leche y la corteza de limón en un cazo. Añadimos la canela y ponemos a calentar a fuego lento.
  2. Calentamos mezclándo desde el fondo del cazo con una cuchara de madera y apagamos el fuego.
  3. Sacamos la corteza de limón.
  4. Metemos las yemas y el azúcar en otro cazo. Añadimos la maicena y batimos con el batidor.
  5. Vertemos la leche caliente poco a poco en el segundo cazo sin dejar de remover.
  6. Ponemos a fuego lento y seguimos removiendo.
  7. Apagamos el fuego cuando toda la crema empiece a estar espesa y dejamos que se enfríe un poco.
  8. Echamos las natillas en recipientes individuales y las reservamos para que enfríen.
  9. Cuando ya estén frias, las metemos en la nevera, cubiertas con film transparente.
  10. Servir frías.

Buen provecho.

Nota 21-09-11: Como recomendación personal, si no os gustan muy, muy dulces, reducid la cantidad de azúcar, yo pondría unos 100 gr como mucho. Para mi gusto, y el de mi chico, quedaron un pelín empalagosas usando 150 gr.

Pizza casera

Whole Kitchen en su Propuesta Salada para el mes de septiembre nos invita a preparar un clásico de la cocina italiana, la Pizza.

La receta propuesta en el grupo como inspiración es una del archiconocido chef inglés Jamie Oliver, sin embargo yo he hecho la que acostumbro a hacer desde hace ya unos tres años y que saqué de algún libro o algún blog, del que ahora mismo imposible recordar el nombre.

Normalmente suelo utilizar el preparado para pizza de la marca Harimsa, o el de Hacendado, que es una mezcla a base de harina y levadura (desconozco las proporciones). Sin embargo en esta ocasión utilicé los ingredientes por separado: 300 gr de harina blanca de trigo, 1 sobrecito de levadura de panadería (unos 5 gr), 200 ml de agua (a temperatura ambiente) y un pellizquito de sal.

Una vez mezclados todos los ingredientes, amasamos durante unos cinco minutos, y dejamos reposar otros cinco minutos más. Para la pizza no es necesario dejar reposar más, a menos que queramos que la masa de la pizza sea de las gorditas. Yo nunca he probado ha hacerlas de ese tipo, por lo que no se si sería una buena idea dejarla reposar una vez se haya extendido la masa… ¿? (se aceptan ideas y comentarios al respecto)

Después de extender la masa con un rodillo y recortarla con la ayuda de un plato, ponemos la masa directamente sobre un papel especial para horno en la bandeja. Como guarnición de la pizza utilizé media latita de tomate casero, media latita de maíz dulce en grano, unas seis olivas sin hueso negras partidas en trozos, unos 75 gr de bacon cortado en dados y varios champiñones cortados en láminas. Y todo cubierto con abundante queso mozzarella.

Con los recortes de la masa, me dió para hacer una calzone, que rellené con una latita de atún, la media latita de tomate casero restante, unos trocitos de pimiento rojo asado y más queso mozzarella.

Para hornearla, precalentamos el horno a 180º durante unos 10-15 minutos. Ponemos la bandeja en la parte baja del horno, porque nos interesa que se haga bien la masa. La tenemos durante unos 10 minutos, y después la subimos a la parte de arriba para que la pizza se dore a nuestro gusto. La calzone la tendremos que dejar un poquito más, ya que la masa de la parte de arriba puede quedarse un poco cruda si la dejamos el mismo tiempo que la pizza.

Buon appetito!!

PD: las cantidades de los ingredientes son para dos personas.

Ajo blanco de pepino y almendras

Hace unos días os presenté una receta (podéis encontrarla aquí) que encontré en una de las revistas de cocina que compro de tanto en tanto.

De la misma receta, y siguiendo mi anterior post (el de los pepinos), hoy os traigo otra receta de la misma revista, un Ajo blanco de pepino y almendras, o como se ha llamado en mi casa toda la vida, un gazpacho de almendras.

Necesitaremos (para 4 personas):

  • 150 gr de almendras crudas
  • 40 gr de almendras laminadas
  • 1/2 kg de pepinos
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 barra de pan seco
  • 1 l de agua helada
  • Vinagre blanco
  • Aceite de oliva
  • Sal

Preparación:

  1. Cortamos una rebanada de pan por comensal (4), les quitamos la corteza y las ponemos en remojo en un cuenco con agua helada durante 10 minutos.
  2. Picamos las almendras finamente en un molinillo o en un robot de cocina, hasta que queden completamente molidas.
  3. Pelamos los pepinos y los cortamos en trozos grandes.
  4. Colocamos los trozos de pepino en el vaso de la batidora, junto con los ajos (que habremos pelado y quitado el germen previamente), la miga de pan escurrida y un vaso de agua helada. Trituramos hasta conseguir una crema espesa.
  5. Agregamos las almendras molidas, dos cucharadas de aceite de oliva, una de vinagre, una pizca de sal y el resto de agua. Trituramos unos miutos más y corregimos de sal, vinagre o aceite.
  6. Dejamos reposar en la nevera unas dos horas, y sacamos justo en el momento de servir.
  7. Como decoración, salteamos las almendras laminadas en una sartén con unas gotas de aceite, hasta que cojan un color tostado.