A propósito de Supernanny

Hoy he visto un artículo que alguien ha colgado en Facebook a propósito del libro de la Supernanny española, Rocío Ramos-Paul, y lo que en principio iba a ser un comentario corto, se ha acabado convirtiendo en este post.

Hace algunos años cuando no tenía hijos aún veía el programa con curiosidad educativa, para aprender algo por si algún día yo me veía en la misma situación: madre desesperada a punto de regalar a sus hijos por incontrolables…

Pero afortunadamente en el momento que me convertí en madre (puede que incluso antes pero yo aún no lo sabía), me di cuenta que los métodos de esta licenciada en psicología, más que estar destinados a educar a los niños con amor y constancia son métodos para conseguir lo que los padres quieren por el método fácil, aunque curiosamente nunca se conseguían los objetivos a la primera, siempre había que repetir las acciones numerosas veces, con la consiguiente frustración por ambas partes, hijos y padres, que poco a poco y prácticamente sin darse cuenta volvían en menos tiempo a recuperar viejos hábitos de rabietas, pataletas y gritos. Algo así como lo que pasa con las dietas milagro y el famoso efecto yo-yo. Entonces viene la consiguiente visita de la presentadora para hacer reproches en la aplicación del método. Por cierto, revisando la biografía que aparece en la web de su consulta, me resulta particularmente interesante que en ningún momento se especifique que esté especializada en psicología infantil.

sn

Fue en ese momento también cuando empecé a plantearme porqué esos niños se comportaban de esa manera, porqué querían llamar tanto la atención de sus padres (y curiosamente casi siempre era la atención de los padres y no la de las madres la que querían llamar). Las mamás, en la mayoría de los programas que llegué a ver, eran las sufridoras desesperadas que ya no sabían qué hacer para que sus hijos les hicieran caso. Sin embargo los papás, se pasaban todo el día fuera de casa y cuando llegaban estaban tan cansados que no querían que esos niños pesados e incontrolables, llenos de ira y de frustración los molestaran, así que grito va y grito viene, porque no le están dejando ver su programa de TV favorito ni disfrutar de su merecida cervecita tranquilamente. Según la lógica del programa y por ende de su presentadora, el problema son esos niños maleducados que no entienden que su padre ha estado fuera todo el día y lo único que quiere es descansar tranquilamente.

A ver, parémonos a pensar un momento… ¿No será al revés? ¿el problema no será ese padre maleducado que se ha pasado todo el día fuera y que no entiende que sus hijos lo único que quieren es pasar un rato con él y que todo lo que hacen al final es sólo para llamar su atención? Pero no, según ese programa, todos los niños son orcos de Mordor y hay que acabar con ellos (con ellos no, claro, pero sí con su personalidad, que al final viene a ser lo mismo).

Luego está el papel de esas madres sufridoras que comentaba antes. Me diréis, sí claro, pero los niños no se portan mal sólo cuando está el padre, con la madre son incluso peores. Cierto, pero con matices. Si una madre no se siente respaldada por su pareja en la educación y la crianza de sus hijos, fácilmente se va a ver desbordada por la situación, y cada vez va a ser peor, como una bola de nieve que va bajando una ladera nevada. Lo que empezó siendo una bolita acaba arrasando una casa. No tener tiempo para ella también pasa factura. Así que ahí tenemos a una madre cansada, desbordada con uno o varios hijos a los que prácticamente está educando ella sola a base de gritos y castigos. ¿Cómo no se van a rebelar esos niños también con ella? Simplemente se están defendiendo de una situación que no les gusta.

El problema está en que son niños y no entienden que cuánto peor se porten más gritos y más castigos habrán. Y eso es así porque son niños y no nacen sabiendo. Y la tarea de los padres es esa, educar, conducir a sus hijos para que quieran hacer las cosas que se les pide hacer, sin obligaciones…

Hay una frase que me gusta mucho de Howard Gardner, psicólogo americano, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2011: El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer. Esta frase la encontré en un decálogo publicado en la edición digital del diario El País: Diez pautas para educar. Si tenéis oportunidad leedlo, es muy interesante y son unas simples reglas que no tienen nada de especial, simplemente mucho sentido común.

Los niños son como esponjas, loritos o espejos: absorben, dicen e imitan todo lo que ven, así que si no quieres que tus hijos griten, digan palabrotas o peguen, empieza a corregirte primero tú, y sobretodo no seamos incongruentes.

Pequeños polizones de alta demanda

En mi última entrada os hablé del pequeño polizón. Hoy os voy a hablar un poquito más de él.

Tiene 9 meses recién cumplidos, es intenso, demandante, acaparador, observador y muchas otras cosas, y en todos esos adjetivos podría poner el “muy” delante. Hacemos porteo, colecho, LME.

Por suerte no es un niño muy llorón, pero cuando lo hace se entera todo el edificio. Le cuesta mucho dormirse, la mayoría de veces lo consigo con la teta, pero hay otras veces que no. Tiene el sueño muy ligero y muy sobresaltado. Intentamos no estimularlo demasiado, pero él mismo es el que abre armarios y cajones para ver qué hay, el que parece un bichito por el suelo buscando cosas para tocar e investigar.

IMG_20140409_111911
Haciendo un alto en el camino

Formo parte de la mayor empresa del pais (modo ironía ON) así que estoy con él 24hr / 7 días a la semana y estoy A-G-O-T-A-D-A.

Últimamente he tenido varios momentos de necesitar llorar por no poder hacer nada, de no poder dedicarme ni cinco minutos. Voy descuidada y sin maquillar, y ya no es sólo por no tener tiempo, es que ya hasta se me han quitado las ganas. Suerte que tengo un marido que vale millones y no le importa lo descuidada que vaya.

A nivel emocional es bastante complicado, porque el 99% del mundo exterior no comprende lo que es tener un niño “así” todo el día, por mucho que se les intente explicar. Para ellos el pequeño polizón es un remolino, un chafardero, un bicho, un trasteante…

Normalmente juzgan nuestra forma de crianza, la forma en la que lo alimentamos…

A veces me he llegado a sentir culpable por ello… sin embargo, reflexionándolo bien, no tengo porqué sentirme culpable. ÉL ES ASÍ, y lo seguirá siendo si en vez de lactancia materna le diera lactancia artificial, también seguiría siendo igual si lo dejara en su cuna llorando hasta que se durmiera. Entonces, ¿para qué vamos a hacerlo sufrir y porqué voy a sufrir yo también innecesariamente? ¿para contentar al resto del mundo? Pues no, señores, aquí se trata de lo que yo, mi hijo y mi marido queramos. Y sí, yo primero, aunque sólo sea por esta vez.

A pesar de todo, el pequeño polizón, es casi perfecto… y digo casi, no por todo lo que os he explicado antes, si no porque tiene un problema en su pierna derecha (Hemimelia peronea). ¿Y eso qué es? os preguntaréis, pues la hemimelia peronea, aunque infrecuente, es la más común de las deficiencias congénitas de los huesos largos, además de la deformidad esquelética más frecuente del miembro inferior. Consiste en la aplasia o hipoplasia del peroné, frecuentemente asociada a otras malformaciones de la tibia, del fémur o del pie. En unos días lo operan, para que en poco tiempo podamos ponerle su primera prótesis y pueda empezar a caminar.

Será la primera operación, aunque no la última. Ya os contaré como va.

Saludos.

Volvemos

Sí, en plural. Porque vuelvo con un pequeño polizón. Hace mucho que no escribo, casi un año. Bueno, en realidad, casi 9 meses. Prácticamente el mismo tiempo que tiene Héctor. Y han pasado muchas cosas en este tiempo.

Estos meses han sido durillos, aunque no más de lo que me esperaba ni de lo que algunas personas me habían dicho que iba a ser.

Soy mamá primeriza, y a raiz de eso he leído (y sigo leyendo) mucho sobre bebés y cómo criarlos. Algunos métodos de crianza me han dado escalofríos de sólo pensar en aplicarlos con Héctor. A pesar de las críticas y comentarios de algunas personas, tanto mi marido como yo, hemos tomado el camino, sin plantearnoslo, de la crianza con apego y la lactancia materna exclusiva.

Este tema de la alimentación infantil, también está siendo un tema un tanto polémico en nuestros alrededores. No estamos en contra de la lactancia artificial, simplemente no es nuestra opción, y hay gente que piensa que nos hemos vuelto hippies o que seguimos una moda, o que nos hemos hecho de una secta o algo así.

La lactancia materna no es lo mejor, es lo normal, o debería volver serlo, como ha sido durante siglos y siglos. La lactancia artificial no es lo peor, pero no debería ser lo normal o la norma. Y en este tema, Héctor, todo un experto, ha decidido claramente qué es lo que quiere, y es teta, y sólo teta… nada de biberones, ni leche artificial, ni siquiera biberones de leche materna extraída; y tampoco agua, ni tampoco las infusiones… como mucho un poco de agua en vasito o en botellita, y es así desde que tiene dos o tres meses. El biberón, para jugar, pero poco más. Menos mal que no hice aprovisionamiento antes de que naciera.

Imagen del blog Mucho más que garabatos del CEIP Jacaranda de Benálmadena (Málaga)

¿Qué más ha pasado en mi vida que me ha mantenido alejada? Una boda, una mudanza, varios meses sin internet… aunque esos son otros temas.

Tengo varios proyectos en mente, uno de ellos volver a publicar por aquí con más frecuencia. Espero veros por aquí.

Azúcar

¿Porqué desde hace tanto tiempo no publico ninguna receta? La respuesta es muy sencilla, azúcar… o mejor dicho, diabetes gestacional.

En mi último post ya os comenté que estoy embarazada, y que el pequeñajo nacerá, si le apetece, a primeros de julio, aunque al ser primeriza puede que se espere un poco, que dentro parece ser que se está muy a gusto.

El caso es que en una de las analíticas, el Test de O’Sullivan salió alterado, así que tuve que hacerme otra analítica, la curva larga de glucosa, que también salió alterada, por lo que me diagnosticaron diabetes gestacional.

Ahora mismo me estoy controlando los niveles de azúcar en sangre con una dieta especifica y me pincho para mirar esos niveles, seis veces al día, cada dos días, aunque los primeros quince días me tenía que pinchar a diario. Tengo las yemas de los dedos con durezas de los pinchazos…

Por suerte, la dieta está funcionando a dos niveles, el primero porque estoy llevando los niveles de azúcar en sangre correctamente con lo que me evito tener que ponerme insulina, y el segundo, porque estoy perdiendo peso sin afectar al crecimiento del peque.

Hecho de menos comerme algún dulce de vez en cuando, mis cereales por la mañana, acompañar la comida del domingo con un refresco y ahora que empieza el buen tiempo, los helados y las horchatas artesanas… Después del parto ya veremos, porque tampoco quiero ganar en dos días lo que llevo perdido en los últimos dos meses…

Feliz semana!!